“Qué será de nosotros”, me preguntó una noche del mes de julio, después de oírnos en una espinosa tertulia radial acerca de la electrizante crisis política y económica que se había desatado. Parecía espantada y dolorida. “Solo Dios lo sabe”, le respondí con sinceridad. Magdalena solía escuchar nuestro programa nocturno; en tiempo real, me enviaba por whatsapp sus mensajes breves y rasantes sobre la actualidad caliente, pero con mucho más entusiasmo me mandaba también comentarios sobre los temas fascinantes que nos unían, como la música popular exquisita, las películas clásicas en blanco y negro, y las novedades literarias; también sobre antológicos momentos de su propia historia: fue una valiosa testigo de época. Cuando hablaba de “nosotros” no se refería a oficios o parcialidades, sino directamente a los argentinos, en zozobra por una superinflación incendiaria, una pobreza creciente, una lucha obscena y antropófaga dentro de la mismísima coalición gobernante, una permanente somb...