Buenos Aires vivió una jornada que ya quedó marcada en la historia del automovilismo argentino. Franco Colapinto (instagram.com/francolapinto), piloto argentino de Fórmula 1, manejó por primera vez un monoplaza de la máxima categoría en un circuito callejero especialmente montado en la ciudad, ante una multitud que superó las 500 mil personas.
El Road Show to BA 2026 fue mucho más que una exhibición: fue una fiesta popular y un mensaje claro de que la Fórmula 1 sigue muy viva en el corazón del país.Fue la primera vez que Colapinto se presentó en Argentina desde que llegó a la Fórmula 1, y el barrio porteño de Palermo se convirtió en el epicentro de un domingo inolvidable. Desde temprano, miles de fanáticos se acercaron para acompañarlo, alentarlo y agradecerle por representar al país en el nivel más alto del automovilismo mundial. Franco, visiblemente emocionado, no dejó de devolver ese cariño durante toda la jornada.
La exhibición comenzó con una apertura imponente del Himno Nacional Argentino, interpretado en guitarra eléctrica por Patricio Sardelli, que le dio un marco único y emotivo al evento.. (instagram.com/patriciosardelli)
Luego llegó el primer contacto directo entre Colapinto y su público, con una entrevista cargada de emoción y orgullo. Más tarde, la música volvió a ser protagonista con el show de Soledad Pastorutti (instagram.com/sole_pastorutti) , preparando el clima para lo que todos estaban esperando.
Los primeros giros llegaron a bordo del Lotus E20, con el livery de Alpine (instagram.com/alpinef1team), despertando aplausos, gritos y lágrimas entre los presentes. El ruido del motor retumbó entre los edificios y confirmó que Buenos Aires todavía tiene alma de Fórmula 1. La jornada continuó con el último show musical, a cargo de LUCK RA (instagram.com/luckra) , que sirvió de previa para uno de los momentos más emotivos del día.
Franco se subió a la mítica Flecha de Plata de Juan Manuel Fangio para rendirle homenaje al “Chueco”, el máximo ídolo del automovilismo argentino y uno de los mejores pilotos de la historia. Las vueltas con ese auto histórico fueron un viaje directo a la memoria y al orgullo nacional, uniendo generaciones bajo una misma pasión.
Para el cierre, Colapinto volvió a acelerar el E20 en los últimos giros de la jornada, quemando gomas y regalando un espectáculo inolvidable. Ya abajo del auto, desde un micro descapotable, agradeció el apoyo y dejó un mensaje que resume el sentir de muchos:
“Tenemos que volver al calendario de la Fórmula 1. Somos el mejor país del mundo y está bueno que lo demostremos así. Estoy muy feliz, gracias a todos por venir”.
Un día histórico, una ciudad volcada a las calles y un piloto que ya es orgullo argentino. Buenos Aires volvió a soñar en grande.





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